La esperanza se ha perdido.
He sacado mi tablero de la ouija por si acaso.
Ya lo tengo preparado,
ya he fijado la intención.
Ya conozco tu destino.
Lo que aun no he descifrado es aquello que has dejado
que me obliga a buscarte lado a lado en el camino.
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A mi lado cantor.
Sentado una noche de julio, pronostico un huracán;
el miedo y la incertidumbre nublan mi corazón.
¿Podré volver a escucharte? o ¿me conformaré con soñarte?
lo único seguro, es que las musas volverán
para escribirte un verso nuevo y cantarte siempre un vals.
Tres rosas blancas.
El terror me consume.
Otra vez esa mirada, penetrante, súbita y genérica. Llena de un rencor acumulado y proyectado. Otra vez...
Palabras a un Hermano Sobrecargado de Realidad.
Siente... como la tristeza se aleja de tu ser, las palabras que se degustan en lo mas profundo del corazón, son el fruto más preciado de aquel árbol sagrado que echó ramas entre los dos... es por esto que esta tarde te dedico estas palabras; palabras a un hermano que ha sido como yo, embriagado de realidad, esa realidad oscura y decadente como las falsas promesas de un poeta que conoce la muerte... y es que yo, amigo mio, he visto a los muertos que caminan por los senderos de la vida...
Le explico hermano mio, que aquella noche conversando de tomates, la luz de nuestra musa se volvió la misma y cada noche, cada verso, cada caminata por los caminos del placer, por los jardines dorados de la vida, su mano estuvo siempre atada a la mía. Como no amar, hermano, a un ser tan preciado que tiene la vida y la muerte en la mano, y por que hablar tanto de la muerte? Pues porque usted y yo entendemos que para nacer primero hemos de perecer.
Le regalo entonces con el corazón en la mano, estas palabras que me inspiran a usted mi hermano, que si su luz, ha de llegar al final de su viaje, la tomaré en mis manos para guardarla en mi equipaje... por el amor suyo, por el amor mio, por el amor nuestro, por aquellos poemas con melodías que nos juntaron y las charlas divinas que nos guiaron, a momentos frágiles e intensos que con el tiempo fueron clavados en mi pecho como momentos indispensables en el destino de nuestro viaje como la letra de esta canción... con una sola cosa más que decir; lo saludo desde el fondo de mis versos con el siguiente...
QUÉDATE Y CIERRA LA PUERTA! Y CÁLMATE QUE ENTRE LOS DOS UN NUEVO SUEÑO AMANECERÁ!
José Camacaro
19/04/2016
19/04/2016
Transculturación: Fenómeno que ataca a los jóvenes venezolanos.
Sin mucho esfuerzo, Daniela podía escuchar aún con el bullicio del pasillo de la universidad, el ruido que provenía de los audífonos del chico que, minutos antes le había dicho que la música venezolana no tenía sentido, que no era música.
El ruido se hacía cada vez más insoportable, y con él, el
cuestionamiento de Daniela aumentaba. Le parecía imposible que alguien no
considerara música al conjunto de sonidos que, combinados armónicamente nos
representan como venezolanos.
Café.
Tintineos al girar
Bailarinas de glisar
Majestuosas ellas bailan
Dulces gotas clavellinas.
Un dulzor en español
Dulces gotas de licor
Qué no embriagan con frecuencia
Al compás de un ademán.
Justificaciones frías
Traen la melancolía...
Solo una taza quiero
Algo tibia, por favor.
Eva Luna.
Brilla Eva Luna, bajo la luna nueva.
Brisa que vibra fuerte; sobre la luz, la niebla.
Canta eternamente pétalos de cayena.
Canta como ninguna, canta la niña Eva.
Baila en trance nocturno, como con gracia plena,
Sublime como la luna, baila la niña Eva.
Como la porcelana.
Un
charco de sangre, parecía vino.
Sublime momento, subliminal momento.
De su cuello emanaba una delicada franja de sangre, sutil.
Un charco de sangre penetraba la casi invisible alfombra, parecía vino.
Escasos y vagos recuerdos de repente me atacan,
Mas sin embargo, el funesto momento no me deja pensar.
De su cuello emanaba una delicada franja de sangre, sutil.
Un charco de sangre penetraba la casi invisible alfombra, parecía vino.
Escasos y vagos recuerdos de repente me atacan,
Mas sin embargo, el funesto momento no me deja pensar.
El reloj y su tenue tic tac, una copa derramada. Caos.
En la oscuridad.
Un extraño y escalofriante rumor llenaba toda la habitación…
…despertando a la pequeña Amelie de sus confusos sueños profundos. Sus ojos se abrieron mientras revisaban la cama vecina donde se encontraba su hermano que era mayor que ella por 4 años.
La habitación estaba completamente oscura; salvo por la incipiente luz de luna que entraba por la ventana, dejando ver sombras de objetos tirados en el piso, y un haz de luz que pasaba por debajo de la puerta.
Ciclo.
Mientras la débil y ya mortecina portadora de belleza se apagaba cada vez más y más, todos alrededor la miraban sin contemplación alguna.
-Maldito trabajo. Maldita custodia compartida. Malditas deudas. Maldita vida… Y ahora una flor que me mira con nostalgia, como si yo pudiera hacer algo por ella! Esto sí es el colmo-. Pensaba deliberadamente un transeúnte que pasaba cabizbajo, cerca del fatídico pero inevitable acontecimiento.
Tal vez el cielo se apiadó de ella, enviándole algunas gotas de lluvia que brillaban en los ya no tan suaves pétalos de la flor como inútiles diamantes. El silencio rápidamente desapareció a causa de un melancólico suspiro del inmenso mundo, provocado por la tristeza de perder una insignificante parte de él.
Adiós, desafortunada... adiós.
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